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«La plenitud es la totalidad de las riquezas»

En griego, la palabra «pleroma» traducida «plenitud», denota totalidad. Así que, es correcto traducir esta palabra griega como «totalidad». La preposición griega traducida «de» en Juan 1:16, significa «proveniente de» o «sacado de». Por tanto, todos hemos recibido de la plenitud de Cristo, de la totalidad de las riquezas de Dios.

En el Nuevo Testamento, la plenitud es lo que se expresa a través de la totalidad de las riquezas. Esta es la razón por la cual, Pablo, menciona las inescrutables riquezas de Cristo; y también habla de la plenitud de Cristo. Las riquezas de Cristo son los diversos aspectos de lo que Cristo es, mientras que la plenitud de Cristo es el resultado, el fruto de nuestro disfrute de esas riquezas.

A medida que disfrutamos las riquezas de Cristo, las asimilamos a nuestro ser de manera natural. Luego ellas nos constituyen la plenitud de Cristo, el Cuerpo de Cristo, la iglesia, como su expresión. Así que, la plenitud de Cristo mencionada en Efesios 1 es la plenitud de Dios mencionada en Efesios 3. Cuando los creyentes experimentan las riquezas de Cristo, son hechos nuevos de manera natural, o sea, reciben una nueva constitución, lo cual produce la plenitud de Dios.

Para asimilar de esta manera a Cristo, tenemos que ser fortalecidos en nuestro hombre interior. Además, debemos permitir que Cristo haga su hogar en nuestros corazones, es decir, que ocupe, posea y sature plenamente cada parte de nuestro ser con todo lo que Él es. Entonces, seremos arraigados para crecer en vida, y cimentados para ser edificados. Además, seremos capacitados para asir a Cristo en sus dimensiones universales de manera práctica.

Juntamente con esto, conoceremos por experiencia el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento. Cuando hayamos conocido y experimentado a Cristo a tal grado, seremos llenos de las riquezas de Cristo hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Todo esto tiene como fin, que la iglesia sea constituida de manera práctica como Cuerpo de Cristo para su expresión plena.

A la luz de tal visión, es erróneo considerar la iglesia como un edificio material donde se celebran «cultos». Tampoco es adecuado considerar, que la iglesia es simplemente la congregación local a la que pertenecemos o el concilio denominacional, al cual estamos afiliados. Aunque hoy, muchos creyentes usan el término «el Cuerpo de Cristo», pocos tienen una comprensión clara del significado de este término, pues no han entendido la revelación que el Cuerpo de Cristo es la expresión y plenitud de Cristo.

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